jueves 17 de abril de 2008

Angelitos negros

Hoy murió Aimè Cesaire. Saqué del librero un libro con traducciones de poesías suyas que publicó la Casa de las Américas (La Habana) en 1969 y que cayó a mis manos siendo yo adolescente. Me recliné en la tapa del libro, roja con azul, letras blancas y amarillas, y lloré. Lloré porque venía llorando desde hacía un rato, pero lloré porque me dolió que se acallara la voz de alguien que me acompañó en un momento importante de mi vida. Su Cuaderno de un retorno a un país natal fue para mí una especie de nicho ante el cual me inclinaba ceremoniosamente, sólo para alzar mi corazón y mi puño en contra de la injusticia.
Al morir el alba, de frágiles ensenadas retoñando, las Antillas hambrientas, las Antillas perladas de viruelas, las Antillas dinamitadas de alcohol, varadas en el fango de esta bahía, siniestramente fracasadas en el polvo de esta ciudad.