Hoy no tengo ninguna gana de hablar. Ni de conversar, ni de escribir palabras densas ni frases sesudas. Hoy tengo ganas de irme al mar, de olvidarme de las responsabilidades, de tener que pensar al nivel que la gente (sobre todo los hombres, pero también ciertas mujeres) espera que piense.
Hoy quiero abandonarme a la brisa y al viento. Ser solamente otra hoja entre las hojas, un pedazo de espuma de ola entre las crestas que ebullen en esa agua salada que nos antecede. Dicen los mexicanos (sobre todo, aquí, en Jalisco), que la vida no vale nada. Lo cantan, le ponen música, lo enarbolan como bandera de guerra ante el destino.
No sé si la vida no valga un comino. Lo único que sé, es que la vida depara dolor. Y no ese dolor al que se refiere la Biblia y que nos amenaza a las mujeres (el dolor de parto, el dolor de dar vida). Ese nunca lo he sentido. Pero, aún así, puedo afirmar que hay otros dolores más intensos: los dolores del alma, del desamor, del destierro (aunque sea voluntario); esa cosa de ser extranjera en tu propia vida, como se lo decía aquí a Javiera. ¡Ay, Javiera... qué ganas de tenerte cerca y poder conversar con un café de por medio... o un vino... o un tequila! Hablar del amor y del desamor. Pero no estás cerca, y abro una botella de tequila de ese al que me he aficionado en estas regiones -"Tesoro de don Felipe", se llama el aguardiente de marras-, y me pongo a escribir entre el calor sofocante de este sitio.
Pero lo que escribo, aquí no puede quedar. Éste es mi blog "intenso", el que supuestamente guardo para las "grandes ideas" (que quizá no tengo). Me tendré que desahogar en el otro. Pero no ahora.
Hoy quiero emborracharme e irme a dormir completamente sin sentido, sin consciencia, sin saber de mí.
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2 comentarios:
Rafaela, me preocupas, espero sea solo algo pasajero, esto nos acontece a todos.
Yo también por ese día 13 de Mayo andaba deprimida y me hubiera gustado tener el tesoro de san Felipe a mi lado. Me gustaría tener razones para contradecirte, pero como tú pienso que la vida (la hacemos nosotros y la hacen otros para nosotros) es muy exigente, pero no porque, como creen los mexicanos, valga nada, más bien porque lo vale todo. Cuídate y trata esos lunares.
Querida Javiera:
No había entrado a las bitácoras en días y no había visto tu comentario. Muchas gracias por tus palabras. Hoy me siento mejor, acabo de salir de la cita con otra médica dermatóloga porque quería una segunda opinión y parece que no son tan terribles. De todas maneras, hay que quitarlos y examinarlos. Pero prefiero el trato que recibí hoy al que recibí del médico el otro día. Me ha dejado más tranquila.
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